La consigna fue dejar el miedo de lado y disfrutar del
contacto con la naturaleza. Pese al temor, los chicos ciegos la acataron sin
protestar porque sabían que era el puntapié para lograr el objetivo: combatir
al encierro al que muchas veces ellos mismos se confinan por no poder ver.
Lo que parecía una simple caminata se transformó en todo un
desafío para ellos. Acostumbrados a caminar con el bastón por veredas o calles
pavimentadas, esta vez tuvieron que hacerlo por un camino de tierra,
desnivelado, con piedras sueltas y largos sectores descampados sin ningún
elemento que tocar con el bastón para guiarse.
¡Hermosa iniciativa de estos profesores!
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