Niñas en situacion de discapacidad comparten clases y
actividades con las demás estudiantes.
Ivana Barros se encuentra cursando décimo grado en
el colegio Cardenal Pacelli,este es su quinto año estudiando en la institución.
Tiene síndrome de Allgrove, una enfermedad que le afecta su motricidad, pero
que no le ha impedido aprender. “Se me dificulta mucho la parte escrita, pero
me va muy bien en la parte oral”, dice, por ello la mayoría de evaluaciones se
la hacen con esta metodología.
Barros asegura que después de mucho buscar, encontró en este
plantel comprensión de sus maestros y compañeras, por lo que ahora se siente
tranquila y feliz.
Y es que en el Pacelli, ubicado en el barrio San José de
Bavaria, Bogotá, se vive un verdadero programa de inclusión. Allí, niñas en
situación de discapacidad (cognitiva o física) comparten clases y actividades
con las demás estudiantes. “Desde pequeña he compartido clases con varias
niñas. Cuando estaba en segundo de primaria había una niña con síndrome de down
que tenía 17 años. Era nuestra amiga y la ayudábamos en lo que necesitaba”, recordó
Valentina Gálvez, quien ingresará a grado once. Gálvez explicó que asisten al
mismo salón, ven las mismas clases y que lo único que cambia es la metodología
de aprendizaje.
Aunque el proyecto nació prácticamente a la par con la
fundación de la institución en 1949, fue hasta hace dos años que logró
consolidarse. A la fecha, 21 niñas en situación de discapacidad han estudiado
allí, dos de ellas se graduaron el año pasado; una estudiará fotografía y la
otra música.
“A cada niña con requerimiento especial se le hace un
estudio del caso y se le diseña un currículo. Es un enorme esfuerzo que se hace
con el mayor de los gustos”, explicó el padre Julio Solórzano, director
ejecutivo del plantel.
Esta inclusión ha sido favorable en la formación porque “se
despierta en el corazón ternura, solidaridad, protección y defensa”, resaltó
Solórzano y agregó “tenemos niñas con inhabilidades motrices, pero con mentes
brillantes”.
Según algunas alumnas y directivos, uno de los mayores
logros es que son un colegio sin bullying (acoso escolar). Allí las diferencias
son para reconocer y gratificar y no para criticar o discriminar. Por ello,
abrir las puertas del colegio a esta experiencia es motivo de orgullo para
todos.
Formación en valores y excelencia
Esta institución, además de su programa de inclusión y de su
excelencia académica (pues ha estado entre los primeros puestos del Icfes a
nivel nacional) tiene un enfoque de autonomía ética y moral. Uno de sus lemas
es ‘aquí no hacemos trampa’, hasta tal punto de que en los exámenes no
necesitan que las cuide un docente.
Fue fundado por la educadora Cecilia Cortés y en sus inicios
tenía un internado. La sede en San José de Bavaria fue abierta en 1966.
Actualmente tiene 263 estudiantes que conviven en un pequeño
pero acogedor espacio campestre.
FUENTE: VANESA CASTRO
REDACCIÓN MI ZONA. BOGOTÁ. COLOMBIA.

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